El moving o acoso laboral

El mobbing o acoso laboral es una situación de ‘castigo injustificado’, en la que una persona sufre el desprecio o la humillación por parte de sus compañeros o jefes, que buscan minar su moral, ridiculizándolo y minusvalorando sus cualidades y capacidades. Se trata de un acoso directo o indirecto y continuado en el tiempo, que puede ser verbal o físico, a diferencia del ciberacoso o ciberbullying, en el que se utilizan medios tecnológicos para hostigar a la víctima a distancia.
Esta conducta de acoso laboral, puede provenir tanto de una sola persona como de varias, pero siempre con la complicidad del resto de compañeros, que toleran la situación sin poner de su parte los medios necesarios para impedirlo, lo que hace que el acosador se vea legitimado para mantener su actitud. Además, la caída de la productividad del trabajador afectado, va a reafirmar la postura del acosador, que encuentra así nuevos argumentos que avalan su desprecio por la víctima.
Entre los síntomas que pueden dar indicios de que se está produciendo un mobbing laboral, está la fijación que conduce a un empleado o a un jefe a someter a una persecución obsesiva a otro de los trabajadores, con la finalidad de obligarlo a que abandone su puesto de trabajo. Esta obsesión puede estar motivada por celos, envidia, o por sentir su puesto de trabajo amenazado al comprobar que se tienen menos habilidades y cualidades que el acosado.
Así y con el objetivo de expulsar a esa persona de la empresa, se utiliza cualquier tipo de subterfugio para hacer ‘quedar mal’ a la víctima, destacando sus errores ante sus compañeros y superiores, y realizando comentarios negativos a sus espaldas, relacionados sobre todo con aspectos de su ámbito personal, ya sea por su color de piel, procedencia, género o condición sexual, buscando de esta forma exacerbar los estereotipos para conseguir que se desapruebe al acosado y contar con el beneplácito del resto de los compañeros.
Esta forma de actuar fomenta un mal ambiente que se va a realimentar, de manera que cada vez que algo salga mal se va a culpar al acosado, y cuando no exista nada para señalarle, se inventarán mentiras y calumnias que sirvan para mantener el hostigamiento, limitando las interacciones del trabajador afectado dentro de la empresa y disminuyendo cada vez más sus responsabilidades, hasta el punto de que puede llegar a quedar arrinconado y sin funciones que desempeñar, todo ello con el objetivo de minar su moral y que él mismo solicite la baja definitiva.
Normalmente una persona suele darse cuenta de que ha sido víctima de mobbing una vez que ha abandonado la empresa y tomado distancia con respecto a ella, porque este alejamiento le permite ser más objetivo sobre sus verdaderas capacidades y habilidades, sin verse obligado a padecer la incesante burla y desaprobación por parte del acosador. Es por ello que muchas veces no es fácil detectar el acoso, porque se considera algo normal en el contexto de un mundo laboral competitivo y orientado a la consecución de objetivos.
Además, esta actitud de presión por parte de los jefes, o de competitividad por parte de los compañeros, está bien vista como forma de aumentar la productividad, premiando a quien mejor desarrolle su labor, en detrimento del resto, que además de no recibir ningún extra se ven minusvalorados; una situación que puede desencadenar la desconfianza y la envidia entre los compañeros y jefes que se vean ‘superados’ por las capacidades o habilidades de otra persona, que se convierte así en el objetivo del acoso.
La persona que empieza a sufrir los primeros síntomas de mobbing, con comentarios inoportunos e incluso ofensivos en los que se ponga en duda su profesionalidad o se critique algún aspecto de su vida íntima, tiene que tratar de atajarlo comenzando en primer lugar a llevar un registro de estos hechos, e informando posteriormente a su superior jerárquico o al encargado de personal de lo que ocurre para que se tomen las medidas oportunas. Lo que nunca debe hacer es enfrentarse directamente con el acosador, ya que esto le proporcionaría a éste más razones para mantener su actitud o excusas para justificarla.
Si observamos que un compañero está siendo acosado, debemos adoptar una postura de normalidad, en el sentido de no ‘alimentar’ el acoso, ni justificarlo en base a las características personales del trabajador afectado, y debemos además apoyarle para que no se vea aislado del resto, permitiéndole encontrar una ‘válvula de escape’. La decisión de denunciar la situación ante sus superiores, sin embargo, tiene que ser tomada y llevada a cabo por la víctima del acoso.

Begoña Mendez-Aguirre

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